La hija olvidada regresó como sirvienta El silencio de la mansión era tan perfecto que podía escucharse el leve tic-tac del antiguo reloj del comedor. Las paredes estaban adornadas con retratos familiares, lámparas de cristal y muebles de madera tallada que hablaban de generaciones de riqueza. En el centro del enorme salón, una larga mesa estaba preparada para una elegante cena. Aquella noche parecía igual a cualquier otra. Nadie imaginaba que, en cuestión de minutos, un secreto enterrado durante veinte años destruiría la vida de todos los presentes. La joven que servía los platos caminaba con la cabeza ligeramente inclinada. Vestía un uniforme negro y blanco impecable, el cabello recogido y una expresión tranquila que ocultaba una tormenta imposible de describir. Todos la conocían como Elena, la nueva empleada doméstica. Lo que nadie sabía era que aquel nombre era apenas una parte de la verdad. Había aceptado ese trabajo por una sola razón. No buscaba dinero. No buscaba...