Lo humillaron sin saber quien era
El zumbido constante de las luces fluorescentes llenaba el aire del taller mecánico, mezclándose con el eco metálico de herramientas y el olor penetrante de aceite quemado. Era un lugar donde el tiempo parecía detenerse, atrapado entre motores abiertos y manos endurecidas por años de trabajo. En el centro del taller, un sedán negro de lujo brillaba bajo la luz artificial. Su carrocería impecable contrastaba con el entorno sucio y desgastado. El capó estaba abierto, dejando al descubierto un motor complejo, casi intimidante, como si fuera el corazón de una bestia dormida. A su lado, un joven trabajaba en silencio. Sus ropas estaban desgastadas, cubiertas de manchas de grasa. Sus manos, ennegrecidas, se movían con precisión quirúrgica. No parecía un improvisado; cada movimiento suyo tenía intención, conocimiento, experiencia. Sin embargo, su apariencia contaba otra historia… una que muchos juzgaban sin pensar. —¡Oye! —gruñó una voz desde la derecha. El joven no levantó la mirada. —¿Quién...