SU ESPOSA LE ROBABA EN SUS PROPIAS NARICES
SU ESPOSA LE ROBABA EN SUS PROPIAS NARICES El sol de la mañana iluminaba la enorme casa de los Fernández. Era una mansión impresionante, con jardines perfectamente cuidados, fuentes de mármol y una larga entrada donde los vehículos de lujo iban y venían durante todo el día. Juana llevaba más de quince años trabajando allí. Había visto crecer a los hijos del patrón, había estado presente en celebraciones, cumpleaños y momentos difíciles. Conocía cada rincón de aquella casa mejor que nadie. Pero también conocía los secretos que escondían sus paredes. Aquella mañana, mientras limpiaba el despacho principal, observó algo que terminó de convencerla de que ya no podía seguir callando. La señora Verónica, esposa del patrón, entró creyendo que estaba sola. Miró hacia ambos lados. Abrió un cajón. Sacó un sobre grueso. Contó el dinero rápidamente. Luego escondió varios billetes dentro de su bolso. Después cerró el cajón como si nada hubiera ocurrido. Juana observó todo desde el refl...