Déjame bailar con tu hija… y volvió a mover las piernas
La lluvia caía lentamente sobre la ciudad cuando Don Ernesto estacionó su vieja camioneta frente al salón de eventos. Miró el enorme letrero iluminado. “Fiesta de graduación — Academia Santa Elena”. Suspiró cansado. No quería estar ahí. Odiaba las fiestas elegantes. Odiaba los lugares llenos de gente rica mirando por encima del hombro a los demás. Pero había prometido recoger a unas mesas y unas sillas que le pagarían por transportar al día siguiente. Y cuando el dueño del salón le ofreció entrar a comer algo mientras terminaba el evento, aceptó solo porque llevaba horas sin probar bocado. Apagó el motor. Y por un momento se quedó observando la lluvia golpear el parabrisas. Su mente estaba en otro lugar. Siempre estaba en otro lugar. Especialmente desde el accidente. Cinco años antes, su hija Camila había perdido la movilidad de las piernas en un choque automovilístico. Desde entonces, la vida dentro de su casa cambió por completo. Las risas desaparecieron. La música desapareció. Y Cam...
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