le dio su comida a extraño... sin saber que jesus ya habia llegado

Juan había preparado con esmero una cena humilde en su pequeña casa. No tenía mucho: un poco de pan, una sopa caliente y una mesa sencilla, pero su corazón estaba lleno de ilusión porque esperaba la visita de Jesús. Mientras acomodaba todo, pensaba en lo importante que era ese momento y en cómo quería ofrecer lo mejor que tenía.

De repente, alguien tocó la puerta. Era un anciano cansado y con hambre. Sin dudarlo, Juan le ofreció parte de su comida. Poco después, llegó una mujer con un niño, también necesitados, y nuevamente Juan compartió lo poco que le quedaba. Su mesa, que había preparado con tanto cuidado, quedó casi vacía.

Cuando finalmente Jesús llegó, Juan se sintió apenado. Pensó que no tenía nada digno para ofrecerle. Pero Jesús lo miró con amor y le dijo que sí había cenado con él, en cada persona que ayudó. Juan comprendió entonces que cada acto de bondad y generosidad hacia los demás es una forma de servir a Dios, y que el verdadero valor no está en lo material, sino en el amor que se da sin esperar nada a cambio.
 

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