El esposo sin nombre
Me obligaron a casarme con un hombre sin nombre. Nadie en mi familia quiso explicarme quién era realmente. Solo dijeron que era “lo mejor”. El día de la boda, su rostro permaneció cubierto por un velo oscuro, y su voz… apenas un susurro.
Esa noche, en nuestra nueva casa, el silencio era insoportable. Intenté hablarle, preguntarle su nombre, pero no respondió. Solo señaló una puerta al fondo del pasillo. Mis manos temblaban cuando la abrí.
Dentro, encontré decenas de fotos… todas mías. Desde que era niña hasta el día anterior a la boda. Sentí un frío recorrer mi cuerpo. Entonces, detrás de mí, escuché su voz más clara que nunca: “Siempre fuiste mía”.
Corrí, pero la puerta desapareció. La casa ya no era la misma. Las paredes susurraban mi nombre. Cuando volví a mirarlo, su rostro ya no estaba cubierto… y lo que vi no era humano.
Ahora entiendo por qué nadie quiso decir su nombre. Porque no lo tiene… y nunca debí convertirme en su esposa.

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