El collar que nunca debió venderse
“Señor, ¿cuánto me da por este collar?” pregunté con la voz rota.
“Te doy 25 dólares”, respondió sin mirarme.
Sentí un nudo en la garganta. “No… esta es mi hija… mi hija perdida…”
Él intentó quitármelo a la fuerza, pero retrocedí. “No me haga daño… este collar me lo regaló mi padre cuando era pequeña.”
Algo en su rostro cambió. Sus manos temblaron al verlo de cerca. Lo abrió… y dentro había una pequeña foto.
“Esto no puede ser…” murmuró.
Mis lágrimas no paraban. “Yo nunca dejé de buscarla…”
Entonces lo dijo: “Ese collar… se lo puse a mi hija el día que desapareció.”
El mundo se detuvo. Nos miramos como si el tiempo nunca hubiera pasado.
“¿Papá…?” susurré sin poder creerlo.
Él cayó de rodillas, llorando. “Hija… eres tú…”
Nos abrazamos en medio de la calle, como dos almas que por fin se encontraban.
Aquel collar no valía 25 dólares.
Valía toda una vida… y un amor que nunca se perdió.

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