A los 85 Años Probé el Amor en Línea… y Descubrí una Verdad Dolorosa
A mis 85 años pensé que ya lo había vivido todo, hasta que la soledad empezó a hacerse más ruidosa que mis propios recuerdos. Una tarde, sin pensarlo demasiado, decidí probar las citas en línea. Mis nietos hablaban de eso como algo normal, casi necesario. Al principio, me sentí curioso, incluso emocionado. Cada mensaje era como abrir una puerta desconocida.
Con el paso de los días, las conversaciones comenzaron a sentirse extrañas. Todo iba demasiado rápido. Las palabras parecían bonitas, pero vacías. Nadie preguntaba por mis historias, por los años que cargaba con orgullo. Solo querían respuestas inmediatas, fotos recientes, promesas ligeras que se desvanecían en horas. Empecé a sentirme fuera de lugar, como si estuviera en un mundo que no hablaba mi idioma.
Una noche, después de una conversación particularmente fría, dejé el teléfono a un lado. Miré las viejas fotografías sobre la mesa, sonreí con nostalgia y entendí algo importante. No era yo quien estaba equivocado, simplemente buscaba algo que ahí no existía. Cerré la aplicación sin hacer ruido, como quien cierra una puerta con respeto.
Aprendí que el amor verdadero nunca ha necesitado prisa ni pantallas. Y aunque la soledad sigue visitándome, ahora sé que prefiero su compañía antes que una ilusión vacía.

Comentarios
Publicar un comentario